martes, 15 de febrero de 2011

LA ESCUELA QUE NOSOTRAS CONOCIMOS


UBICACIÓN

Transcurrida ya la guerra civil, y hasta que recuperaron las aulas del edificio de la Merced, que había sido hospital inglés durante la contienda, asistíamos a Palacio, en la calle Nueva. No recordamos cuándo fue esa incorporación a la Merced, pues éramos muy pequeñas. Creemos sería hacia el año 1940. Las aulas de chicos y chicas estaban separadas, pues la educación sólo era mixta en las escuelas de párvulos, las cuales eran dirigidas por maestras.

A partir de siete años los chicos asistían a la Graduada de niños, regida por maestros, y las chicas a la de niñas, que tenían maestras.

Accedíamos todos por la escalera central. En el primer pasillo estaban las aulas de los chicos cuyo suelo era de tarima de madera. Eran amplias y muy soleadas. Sus balcones daban a la calle de Colón.

En el último pasillo estaban las de las chicas que también eran amplias, aunque los pisos eran de yeso y los balcones daban a la Plaza de Carros.

Tanto en unas como en otras había estufas de hierro fundido para calentarlas en invierno. La leña la aportaba el Ayuntamiento: de chopo, de olmo......

El tiro de las estufas de las chicas iba directamente por medio de tubos a los altos techos. Solían hacer mucho humo y tiraban mal. En las de los chicos iban hacia la pared, donde había chimeneas, y funcionaban mejor.

Una gran pared con su puerta siempre abierta separaba los pasillos de unas y otros. En un rincón de esa pared había colocado un gran hierro circular, procedente de alguna llanta de rueda vieja de camión, al cual llamábamos “Campana”. Ahí se tocaba para dar la señal de la hora de entradas y salidas, así como la de los recreos.

Ese toque lo hacían siempre los chicos mayores y era con un tirafondos grueso procedente del ferrocarril. Era de los que usaban para sujetar los raíles a las traviesas de madera.

En cada uno de los mencionados pasillos había una amplia habitación con sus correspondientes lavabos y retretes para el uso de las chicas y maestras por un lado, y los varones por otro.

El tipo de retrete era el llamado turco, que tenía un agujero en el frente y una especie de moldes de cemento con forma de pies para poner encima los mismos. Los maestros y maestras tenían una taza de cerámica y puerta para cerrar. Los demás estaban sin puertas. Todos funcionaban con agua corriente.


HORARIO

El horario era de mañana y tarde: de 10 a 1, y de 3 a 5. A veces a las horas de entrada nos esperaba en la puerta de la calle un hombre con una esportilla que nos vendía paloduz, aunque no se permitía chuparlo en la escuela.

Los sábados había clase todo el día aunque la sesión de la tarde se dedicaba al rezo del rosario todos juntos o por clases, y a alguna actividad de carácter lúdico.

El día del descanso era el jueves por la tarde, no obstante, si había una fiesta entre semana, la tarde del jueves había clase.

Los recreos eran siempre dentro del edificio, en los pasillos. Jugábamos a la comba, al escondite inglés, al pillao, a los alfileres..... Los chicos a la pídola, a las chapas, al trompo......

Las salidas de las clases, después del toque de campana, eran sumamente ordenadas, en filas hasta la calle y cantando himnos patrióticos.


ALUMNADO

El número de alumnos y alumnas en las clases era enorme. Recordamos listados de cien en algunas de ellas. El absentismo escolar era frecuente. Muchos, sobre todo las niñas, tenían que ayudar en sus casas, cuidar de sus hermanos más pequeños o ponerse a trabajar.

No obstante, cada clase solía rebasar los cincuenta o sesenta alumnos diarios.














MATERIAS DE ENSEÑANZA

Se trabajaban mucho las llamadas materias instrumentales: lectura, escritura y cálculo. De ahí el hecho de que muchas de estas promociones de alumnos hayan leído y escrito muy bien y aun teniendo sólo los estudios primarios hayan poseído buenos conocimientos de matemáticas, geografía y otros saberes útiles para la vida práctica.

En las clases de niñas se dedicaba la sesión de la tarde, casi por entero, a catecismo y labores. Entre los aprendizajes de labores estaban el “Trapo de costuras”, con vainicas, costura francesa y española, zurcidos, ojales, presillas...... También se admitía el punto de cruz y los bordados, pero no así el encaje de bolillos, ni el ganchillo, los cuales se hacían en las casas.





MATERIAL Y TEXTOS ESCOLARES

Para el aprendizaje de la lectura se usaban cartillas, y para el de la escritura unas pequeñas pizarritas individuales con un pizarrín. Esta escritura se podía borrar humedeciéndola y frotando. Generalmente se hacía con saliva y se frotaba con la mano, aunque nuestras madres solían prepararnos un trapito atado a la pizarra para

que fuera más higiénico.





Luego, cuando ya íbamos aprendiendo, teníamos lápiz y un cuaderno pequeñito, rayado; copiábamos de la escritura que hacía la maestra en la pizarra, aunque también hacíamos dictado y copiábamos de algunos textos sencillos, incluso de la cartilla o de algún cuaderno-modelo con buena letra. Esto ya se hacía con plumas de “pata de gallo” o de “corona”, mojando en la tinta y después usábamos el papel secante.





El material escolar era caro y había muy poco, debido a la escasez general de los años de posguerra. Las pinturas de cera o madera eran un bien estimado y aprovechado al máximo.













El texto comúnmente más usado era la enciclopedia, desde la llamada “Enciclopedia del Párvulo” hasta los distintos grados de la Editorial Dalmau Carles, aunque no todos los niños podían adquirirlas.







Entre los libros de lectura existentes en la escuela recordamos: “Hemos visto al Señor”,”Yo soy español”,”El pueblo de Dios”... Estos se leían en edades tempranas. Después: “Corazón”, “Tesoro de las escuelas”, “Mari Sol. Maestra Rural”, “Castillos de España”, “El lobero de las Hurdes”, “Física recreativa”, “El libro de las Maravillas” “Lecciones de Cosas”, “Mi primer manuscrito”......















OTRAS ACTIVIDADES


La vida escolar estaba entonces impregnada de religiosidad. Durante el mes de mayo se hacía el canto y rezo de “Las flores” a la Virgen.

El sábado por la tarde, como decimos en otro lugar, se hacía el rezo colectivo del rosario y hubo algunas temporadas en que a la salida de la clase de la tarde se pasaba a la Parroquia, que estaba cerca, para hacer una visita al Santísimo. Era un tiempo breve en el cual se hacían oraciones y cánticos colectivos.

Cuando el Sr. Obispo llegaba en visita pastoral salíamos a recibirlo en filas.

Entre los muchos niños que íbamos a la escuela había algunos que vivían aquí con sus abuelos o tíos, aunque sus padres estaban en Madrid.

También estuvieron entre nosotros seis niñas alemanas y un niño austriaco. Pasada ya la Segunda Guerra Mundial vinieron a España y estuvieron acogidos en familias durante unos diez u once meses.

Venían con nosotros a la escuela y aprendían bastante bien el idioma y otras cosas, hasta que regresaron a su país.

Hacia el año 1946 venían a la escuela jóvenes de la Sección Femenina procedentes de Cuenca; venían en tren, un día a la semana, y nos enseñaban canciones regionales y gimnasia.









OTROS CENTROS DE ENSEÑANZA

Además existían otros Centros de enseñanza, como fue el Colegio de Niñas de las Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl. Había más de doscientas alumnas, niñas de todas las edades. En su gran mayoría eran niñas huérfanas, o desfavorecidas de alguna manera, acogidas en este Centro sito en El Cristo. A excepción de unas cuantas que eran de Huete, la casi totalidad venían de distintos puntos de España.

Los domingos por la tarde solíamos ir a jugar con ellas a su centro de acogida.La enseñanza la impartían las Hermanas y era semejante a la que recibíamos nosotras en la escuela pública.

Por aquella época e incluso un poco antes, existía una Academia con dos o tres profesores (sacerdote, maestros) que preparaban para hacer el Bachillerato e incluso el llamado Examen de Estado, al término del Bachiller. Los alumnos y alumnas nos íbamos a examinar como libres a Institutos de Madrid: Cardenal Cisneros, San Isidro.

Cuando se marcharon las Hijas de la Caridad, vinieron a El Cristo las Celadoras del Sagrado Corazón de Jesús que también se dedicaban a la enseñanza. Los alumnos bachilleres se examinaban entonces en el Alfonso VIII de Cuenca, que era el único Instituto que había entonces en esa Ciudad.



Lourdes Parrilla García

Gabriela Mora Mochales

Maestras de Primaria y Párvulos en el Colegio Público de Huete






2 comentarios:

  1. Mi suegra,que se llama Amelia estuvo e ese colegio y nos cuenta muchas historias.¿Alguien la recuerda??

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  2. Las hermanas que la cuidaban se llamaban Sor Mº Teresa,Enriqueta,Cecilia,Bienvenida y Rocío,esto era por los años 40.Eran de la Caridad

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